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(Expansión) – El tiempo se agota. El punto de no retorno para evitar una catástrofe medioambiental se encuentra cada vez más cerca y, por tanto, el margen de maniobra que tenemos como humanidad se limita día con día. El calentamiento global amenaza con impactar de forma devastadora en la agricultura, la magnitud de los fenómenos meteorológicos, y la elevación de los niveles de los mares. El reloj no da marcha atrás y las consecuencias ya empiezan a observarse, aunque de manera gradual.

Líderes mundiales como el magnate tecnológico Bill Gates y el empresario social y Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus han dedicado importantes esfuerzos en los últimos años a alzar la voz respecto de la urgencia por implementar medidas para contrarrestar el cambio climático. Ciertamente, el llamado de emergencia ha calado hondo; el proceso de concienciación hoy se traduce en un creciente número de ciudadanos que manifiestan expresamente su preocupación por el daño ambiental que estamos ocasionando como especie humana. Ante un desafío tan inmenso y abrumador, ¿qué papel pueden jugar las empresas y los individuos? Pues bien, sí que hay múltiples tareas que pueden realizarse desde la iniciativa privada y la ciudadanía. En primera instancia debemos sacudirnos la percepción de que la catástrofe climática es inminente e irreversible. El cinismo de quienes aseguran que salvar el medioambiente implicaría por fuerza frenar el desarrollo económico y el crecimiento es sumamente dañino para el debate y la agenda verde. En realidad se trata de un falso dilema, ya que es factible, y desde luego urgente, hallar fórmulas sostenibles para promover la industrialización de los países en vías de desarrollo con el propósito de sacar de la precariedad a la población en pobreza. Las autoridades gubernamentales tienen un importante papel que desempeñar mediante el diseño de políticas públicas, pero si la empresa y la sociedad no se involucran de lleno con soluciones y hechos, no llegaremos muy lejos. Cada vez es más evidente que la innovación, la tecnología, y el trabajo colaborativo serán los elementos clave para evitar el desastre del calentamiento global, pero hace falta compromiso y acciones concretas. Emprendedores y ciudadanos podemos contribuir mucho en esta asignatura de tanta trascendencia. Las empresas y negocios pueden comenzar por implementar energías sostenibles en sus edificios y operaciones. Sin duda será imprescindible que se instauren políticas de estado que fomenten esta clase de inversiones. Los incentivos fiscales y la apertura de créditos jugarán un importante rol en este cometido. En varios países, ya se dan este tipo de estímulos a empresas y corporaciones.

En el mismo sentido, las empresas e industrias deberán invertir en I+D (investigación y desarrollo) para innovar en proyectos que permitan optimizar sus procesos con energías sostenibles e incluso más baratas. Los biocombustibles son prometedores, pero aún falta por desarrollar su potencial como alternativas viables. Es difícil exagerar la relevancia de la I+D en las empresas para revertir la devastación ambiental. Por supuesto, se trata de una inversión redituable en sentido amplio. Un dato que llama al optimismo es la numerosa cantidad de empresas sociales que aparecen con el objetivo claro de crear negocios rentables a partir de soluciones prácticas al calentamiento global y el problema del deterioro ecológico. Ahí tenemos miles de iniciativas alrededor del mundo que apuestan por el procesamiento de desechos sólidos, el mayor alcance del uso de energías renovables, y el desarrollo de tecnología sostenible. El emprendimiento verde se irá consolidando en el mercado como una significativa fuente de empleos. Asimismo, los individuos tenemos una voz potente que no debemos subestimar y un rol imprescindible por asumir. La generación joven es cada vez más consciente de la prioridad del calentamiento global en la agenda pública. En la medida en que los ciudadanos exijan a sus gobiernos el atender esta materia, seguramente habrá resultados. Los políticos prestan más atención de la que pensamos a los reclamos de sus votantes. No cabe duda, cada ciudadano tiene la responsabilidad de informarse sobre las mejores formas de cuidar al planeta; reducir, reciclar, y reutilizar; y hacer eco de la importancia de cuidar el medioambiente con pequeñas acciones. La prioridad es máxima. De no revertir la situación, hacia el año 2050 las consecuencias pueden ser desastrosas. Nos toca reflexionar, decidir, y actuar. Nota del editor: José Guillermo Fournier Ramos es docente en la Universidad Anáhuac Mayab. Vicepresidente de Masters A.C., asociación civil promotora de la comunicación efectiva y el liderazgo social. También es asesor en comunicación e imagen, analista y doctorando en Gobierno. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

Por admin

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