<![CDATA[ ¿Cuál es la ruta hacia las cero emisiones netas?

(Expansión) – Si queremos evitar que el planeta enfrente un catastrófico sobrecalentamiento, debemos acelerar una revolución energética e ir más allá de la retórica de compromisos políticos. Un buen punto de partida para planificar acciones es el más reciente reporte de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), que nos ofrece los pasos sobre cómo alcanzar las cero emisiones netas hacia 2050. El reporte es el principal antecedente de la cumbre climática de este año (COP26). En ese sentido, la hoja de ruta pretende guiar tomadores de decisiones para que impulsen una reducción de emisiones en la dirección y velocidad correcta. El análisis detalla cuáles son las tecnologías necesarias para que cada sector económico logre cumplir las metas en diferentes etapas, y así evitar que la temperatura global no aumente más de 1.5 °C. Dentro de 30 años, el sistema energético debe ser radicalmente diferente al que tenemos ahora. Para ello, se requiere 8% menos de demanda global, a pesar del crecimiento económico y poblacional. Además, el petróleo, gas y carbón deberán aportar sólo 20% de la oferta (actualmente cubren 80%). Esto implica que las renovables deben representar alrededor de 70% de la oferta en 2050.

¿Cómo tener éxito para alcanzar la meta?

Para quienes pensaban que el gas natural sería el combustible de la transición, ese rol durará menos años de lo que se esperaba, ya que se requiere que su participación se reduzca 88%. Además, los ajustes estructurales podrán generar 25 millones de nuevos empleos netos vinculados a los nuevos sectores energéticos e industrias limpias. Sólo se podrán reducir la demanda de combustibles fósiles si se deja de explotar carbón, petróleo y gas natural a partir de este año. Las necesidades económicas de estas fuentes de energía se podrán solventar con la expansión de electrificación, que alcanzará a cubrir la mitad de la demanda global de energía en 2050 a partir de renovables, principalmente. Esto implicará duplicar las redes eléctricas durante dos décadas, algo que tomó 130 años lograr. Para asegurar la estabilidad de la red, se espera que el desarrollo de baterías necesarias esté listo cerca de 2030. Si bien aún se requerirá de hidrocarburos, esto será posible gracias a la captura y almacenamiento de sus emisiones. Otro pilar de la descarbonización será el hidrógeno, principalmente derivado de energía renovable, el cual generará 20% de la electricidad global en 2050. Por otra parte, se requerirá de bioenergía nueva que no compita con el uso de tierra para producir alimentos y sirva de compensación de emisiones para sectores contaminantes, pero que no cuenten con la tecnología necesaria para descarbonizarse. Con respecto al transporte, se espera que el parque vehicular se duplique hacia 2050. Dentro de 15 años podrían dejar de haber nuevas ventas de vehículos de combustión interna, los cuales serán desplazados por eléctricos. En el caso de transporte pesado, se tiene la expectativa de que el hidrógeno y el amoniaco sean su principal combustible limpio. Sin embargo, este sector, al igual que el de aviación y transporte marítimo, aún requiere de avances tecnológicos para su descarbonización absoluta. Una medida adicional que se debe acelerar de inmediato es la eficiencia energética de edificios, de los cuales 85% tendrán que descarbonizarse en 2050. En contraste, el sector industrial será el que tardará más en descarbonizarse debido a que debe esperar el avance de electrificación y las innovaciones para dejar de depender de combustibles fósiles. Particularmente, las industrias de acero, cemento y química son las más relevantes debido a que representan 70% de las emisiones de carbono en el sector.

La crisis económica en México por el COVID-19 y sus consecuencias en el consumo de energía ¿Cuál es el valor de esta hoja de ruta?

La hoja de ruta de la IEA es relevante por tres aspectos. El primero es que es una guía con implicaciones prácticas para inversionistas, corporaciones y gobiernos. No se trata de propaganda, sino de acciones factibles, costo-eficientes y socialmente aceptables. El segundo es que se acepta la necesidad de detener nuevas inversiones en petróleo, gas y carbón. Por último, se aclara que no existe la tecnología necesaria para la transición energética, pero se describe la ruta para impulsar los desarrollos que hace falta. Nota del editor: José Luis Reséndiz es Investigador de Doctorado en el Programa de Finanzas Sustentables de la Universidad de Oxford y Fundador de ESG Latam. Síguelo en Twitter como @jl_resendiz Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

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