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(Expansión) – Yo no me aplicaré ninguna vacuna de AMLO… Sobrevivirán los más fuertes… Bienvenidos al oscurantismo… La industria farmacéutica pretende controlarnos con un chip… El COVID-19 es una trama de los gobiernos más poderosos… Patrañas. Las Teorías de la Conspiración viven en y con nosotros. Son tiempos propicios para narrativas que pretenden sembrar desconfianza hacia la vacunación y sostener que detrás del ‘milagro de la ciencia’ hay grupos malévolos ocultos, tramas políticas que pretenden exterminar a una parte de la humanidad.

Hoy, cuando la tercera ola del COVID-19 sigue sumando contagios y muertes en México, crece la polarización entre quienes exigen medidas para vacunar a toda la población y aquellos que rechazan la ciencia, deconstruyen las versiones oficiales y le dan oxígeno al movimiento antivacunas. No hay discusión, las vacunas nos necesitan, pero vale la pena analizar el fenómeno con cabeza fría para entender cuáles son los resortes y contextos que animan a muchas personas a pensar que las vacunas son el diablo; solo así podremos buscar mejores formas para no caer en la polarización y, sobre todo, no contribuir con la campaña negra contra la ciencia. Las Teorías de la Conspiración se expresan contra todas las estructuras de poder, se diseminan por personas informadas que acusan que los barones del dinero, las empresas, los políticos, buscan aprovecharse de las personas, abusar de ellas, incluso causarles daño. Y regularmente encuentran terreno fértil, ya que capitalizan la necesidad de los seres humanos de encontrar explicaciones a ciertos fenómenos que no se alcanzan a comprender. Las Teorías de la Conspiración no buscan intencionalmente falsificar la realidad, sino encontrar selectivamente información que confirme sus teorías, dice Irene Córdova, investigadora de la Universidad de Guadalajara y quien por años ha analizado el fenómeno. “En salud, por ejemplo, ha habido historias reales de graves problemas éticos en la experimentación con seres humanos… Todos de alguna manera hemos creído en alguna Teoría de la Conspiración”. Todos, seguramente, hemos escuchado una Teoría de la Conspiración, ya que éstas presumen hacer el bien, defendernos y se refuerzan con información fuera de contexto, elegida selectivamente, y son respaldadas con argumentos que a menudo no parecen falsos. Pero, en el fondo, carecen de solidez y tienen malas intenciones, como diseminar la desconfianza y hasta ganar plata. ¿Alguien ha sido inmune a una Teoría de la Conspiración? Van más preguntas: ¿Quién ha pensado que la industria farmacéutica solo está haciendo un gran negocio con todo esto? ¿Quién ha dudado de las vacunas chinas y rusas? ¿Quién ha preferido, por encima de cualquier razonamiento, una vacuna estadounidense? ¿Quién ha expresado su desconfianza hacia el plan de vacunación del gobierno mexicano? Quien no haya sido parte de una Teoría de la Conspiración tiene asegurado el reino de la pureza. Pensar que todo esto solo es negocio, una trama política o que una vacuna es mejor que otra, contribuye, de alguna forma, en alimentar alguna Teoría de la Conspiración y eso no favorece ninguna campaña de vacunación. ¿Cómo no ser parte de eso? Quien conspira, al sentirse atacado, reafirma su idea de que alguien lo quiere controlar y hace más sórdido su rechazo hacia cualquier vacuna. La velocidad a la que se distribuyen las Teorías de la Conspiración en redes sociales es tres o cuatro veces más veloz que los mensajes sobre investigación científica, calcula Irene Córdova.

Así, se recomienda no confrontar a quien conspira sino compartirle información que le permita tener una mejor valoración de las circunstancias, así como recurrir a personajes que se consideren confiables en redes sociales y se les vea vacunándose, sanos, contando su historia en la vacunación. También hay que entenderlo así: en el mundo se han aplicado hasta el momento casi 4,600 millones de vacunas y podemos estar absolutamente seguros de que son seguras. Pero, además, las vacunas son un producto farmacéutico que puede tener imperfecciones, pero debemos estar seguros que esas imperfecciones son mucho menores que el daño que causa la enfermedad que se quiere prevenir. “Pretendemos que las vacunas nos saquen del problema y éstas no podrán hacerlo. Ellas solas no pueden”, sostiene Mauricio Rodríguez, vocero de la Comisión de la UNAM para COVID-19. “Hay ese deseo de buscar en las vacunas esa bala mágica, pero el camino corto no existe. Las vacunas son una capa más del plan para frenar esta pandemia” (las otras capas son el uso del cubrebocas, el distanciamiento social, el confinamiento). Como sea, hay buenas noticias: el COVID-19 ha alimentado el interés de las personas por la ciencia, al tiempo que en México predomina una cultura en pro de las vacunas. Sin embargo, las Teorías de la Conspiración no van a parar y muy probablemente continuarán después del fin de la pandemia. Por otro lado, la ciencia necesita del pensamiento crítico que le permita detectar inconsistencias y problemas éticos, siempre con evidencias. Los gobiernos están obligados a tomar información científica, evaluada por agencias reguladoras, para aplicarla correctamente en políticas públicas. La industria farmacéutica debe mejorar sus prácticas y transparentar el desarrollo de sus productos y asumir el impacto que ello genera en la percepción de las personas. La sociedad, incluyendo los medios, necesitamos acercarnos información con rigor y no dejarnos contagiar por falsas narrativas. ********** Un apunte final y un caso de la vida real que impactó desafortunadamente a las vacunas: – Difícil obligar a las personas a vacunarse. Otros países han favorecido la vacunación mediante mecanismos que parecen ser obligatorios, pero no lo son. Certificados de vacunación para ingresar a lugares públicos, incentivos fiscales… Hay quienes acusan violación a sus libertades, pero ésta tiene de frente una responsabilidad, de tal forma que si alguien apela a su derecho de no vacunarse tendría, entonces, que enfrentar la responsabilidad de su decisión. Si su decisión pone en riesgo a terceros, su acceso a los espacios donde están esos terceros tendría que ser limitado. – Detrás de la ubicación de Osama bin Laden hubo un plan de vacunación. Un agente de la CIA ingresó encubierto como vacunador al lugar donde presuntamente se encontraba el terrorista. Así fue posible conseguir su ubicación y confirmar su identidad con la información genética (ADN) obtenida al vacunarlo. Poco después de su muerte, se conocieron detalles de la operación encabezada por el gobierno estadounidense, los cuales provocaron la furia de los talibanes, quienes detonaron una cruzada en contra de las vacunas y los servicios de salud. Las consecuencias fueron trágicas: la vacunación se detuvo, varios vacunadores fueron asesinados y la polio resurgió en Afganistán y Pakistán. Nota del editor: Jonathán Torres es socio director de BeGood, Atelier de Reputación y Storydoing; periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

Por admin

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