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(Expansión) – Es humano pensar que las crisis una vez resueltas van a desaparecer y que vamos a regresar a periodos de calma y estabilidad. Las diferentes coyunturas que estamos pasando en este nuevo mundo están provocando que las dificultades sean momentos continuos e inseparables, que suceden uno tras otro, uno sobre otro, uno multiplicando al otro. Ver a los “cisnes negros” abrir sus alas se volverá una experiencia común, provocada por factores externos como el cambio climático, los avances tecnológicos y la data como moneda con su lado oscuro. Las personas y las organizaciones necesitan desarrollar, así como fortalecer una mentalidad resiliente.

Y si bien podemos decir que todas ellas se vieron forzadas a reaccionar y a implementar acciones que les permitieran dar continuidad al negocio, ahora más que nunca es necesario fortalecerlas para crear verdaderas estrategias enfocadas a la reinvención y a la competitividad. En este sentido, las corporaciones deberán tener un estado de conciencia y alerta constante, una mentalidad permanente de crisis que, al adoptarla, les permitirá sobrevivir, regresar y ser más fuertes. A este modelo lo podemos llamar “ crisis mindset ”, el cual nos ayuda a adoptar prácticas perdurables al interior de las empresas y del cual podemos enlistar algunas que nos ayuden a navegar en tiempos turbulentos y de manera permanente para los próximos años: 1. Visualizar, mapear e imaginar nuevas oportunidades, crecer y transformarnos . El foco de la compañía debe estar en el largo plazo y anclarse en el propósito, sin perder la visión del corto plazo, que es inmediata y debe resolverse. Una visión bifocal. Explorar el mundo de las posibilidades, identificar las áreas en que pueden competir y crecer basándose en las capacidades clave, utilizando la innovación y la creatividad como fuente del cambio y la transformación. 2. Agilidad en la ejecución, velocidad y disciplina. La velocidad de cambio y ejecución es un elemento fundamental que las firmas exitosas apalancan para transformarse rápidamente y saltar a un océano azul que les permitirá competir. Una vez ahí, la ejecución con disciplina, ágil y con aprendizajes e iteraciones continuas, poniendo al cliente y a su gente primero, logrará mantener a la organización en movimiento y transformación constante, aprendiendo y creciendo. 3. Enfocarse en sus fortalezas organizacionales, construyendo y mejorando sobre ellas. Cada organización tiene capacidades fundamentales y únicas que les han permitido sobrevivir y crecer. En estos momentos, es crítico identificarlas y atesorarlas para sobre ellas poder construir el futuro, expandiéndolas, modificándolas, con sinergias, en modelos de negocio diferente y/o resolviendo diferentes problemas para los clientes. Entraremos en constantes procesos de fusiones y adquisiciones donde las corporaciones complementarán esas capacidades para lograr metas más ambiciosas o diferentes.

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4. Más apetito y apuesta continua por la innovación, la creatividad y la flexibilidad. Las compañías deberán resolver sus retos utilizando el capital intelectual e innovador colectivo de sus colaboradores. El utilizar la innovación y creatividad como palanca de transformación, permitirá visualizar no solo los cambios y mejoras, pero también la construcción colectiva de un futuro más incluyente y sustentable. La innovación también obliga al personal a jugársela, a imaginar, a adueñarse, por lo que las empresas que la utilicen estarán desarrollando las nuevas competencias para sus equipos y la organización, en un nuevo entorno donde la flexibilidad de las formas, los tiempos, las tareas y el espacio, dominará en el futuro del trabajo. 5. Un liderazgo más visionario, basado en el propósito, más empático, flexible, delegando, reconociendo y empoderando a los colaboradores. Ante esta nueva crisis de humanidad, los nuevos liderazgos deberán adoptar un enfoque más humilde, más comunicativo, transparente y abierto, donde no se tienen todas las respuestas, porque las preguntas han cambiado. Vemos al nuevo líder, más empático, al servicio del equipo como orquestador, conectando al grupo con la misión, la ejecución y el propósito, asegurando un bienestar integral para el trabajador. 6. Foco en el bienestar integral del colaborador, cultura de fluir y mindfulness. De nada sirve tener presente a un colaborador, que no está físicamente energizado, enfocado mentalmente, emocionalmente estable y conectado con su propósito. Las firmas deberán vigilar el bienestar integral de la fuerza laboral, para asegurar su óptimo desempeño. El foco en la salud mental y los programas de meditación y mindfulness serán muy comunes en las organizaciones resilientes. Es imperativo que las corporaciones definan y exploren nuevos caminos que permitan reinventar el entorno laboral que ya conocían y les permitan instaurar prácticas de negocio enfocadas en el bienestar de su principal activo: su gente. Nota del editor: Rogelio Salcedo es Socio director de Olivia México. Síguelo en LinkedIn. Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

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