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(Expansión) – Hoy en día escuchamos conceptos aparentemente novedosos en la educación superior. Al sustantivo educación se agregan adjetivos como: presencial, en línea, mixta, híbrida, formal, informal, no formal, entre otros. Las novedades de las nuevas realidades de la experiencia de aprendizaje contienen cambios en la distribución del contenido de las materias, el uso de plataformas digitales que integran audio, video, chat, podcast, mensajes breves y más formas de impulsar la comunicación entre los estudiantes y sus maestros. De hecho, se logró ver desde la realidad la efectividad de nuevas herramientas de enseñanza y su impacto en la formación, pero también se descubrieron límites de los aprendices en adquirir conocimientos, comprenderlos, aplicarlos, analizarlos, sintetizarlos, evaluarlos e impulsarlos más allá de los límites para los cuales fueron concebidos.

La educación formal de México tuvo que salir de las aulas de manera forzada debido a la pandemia y los jóvenes se vieron impulsados en aprender informalmente de las actividades cotidianas de su vida. Utilizar las redes sociales para fines académicos se transformó en la alternativa en la que padres de familia podían unirse para entender las acciones de los docentes. Los videos cortos, tipo TikTok, se introdujeron en estrategias de microenseñanza para mandar mensajes masivos sobre lo que se esperaba de las actividades de aprendizaje. La informalidad se introdujo en la formalidad como una síntesis de apoyo a que los jóvenes universitarios lograran avanzar, a pesar de todo, en su ciclo escolar. Lo mismo pasó con la educación no formal. La evaluación de las competencias laborales se introduce en las prácticas profesionales como un elemento indispensable del portafolio de evidencias a evaluar. Observar que los adultos en su carrera fueran capaces no sólo de conocer y comprender un concepto, sino el ver cómo se aplicaba en la realidad del mundo laboral. Los reclamos de los ingenieros por acceder a los laboratorios universitarios o de los Chef por realizar sus prácticas de cocina se agregaron a las exigencias de los jóvenes de Ciencias de la Salud que pedían con insistencia el poder avanzar en sus prácticas clínicas. La enseñanza, tal como la vivíamos un par de años atrás, se enfrentó a tensiones y obstáculos. Por ejemplo, el modelo academicista de los currículums cerrados basados en competencias mostraron su límite de accesibilidad a más estudiantes. La impotencia de pasar a un mayor grado de complejidad en las materias se ve frenado por tener que cumplir los requisitos de las que anteceden. El reclamo que surge es: cambiemos a un currículum flexible que me permita avanzar y elegir el cómo. La estandarización de perfiles de carrera y de egreso se confrontó con las preguntas de los colegiales que decían: ¿Por qué no me escuchan? Necesito que me atiendan, no quiero a alguien que me dé una clase de la materia en video si no es mi profesor. En este sentido debemos ver que la necesidad actual es tener una educación que personalice la experiencia. La tecnología generó una democratización del acceso a los conocimientos. Los discípulos fueron capaces de escuchar expertos en video, audio, contenido seleccionado bajo demanda de espacios públicos. Sin embargo, esos maestros “rockstar” no interactúan con ellos. Así mismo, los límites del acceso a internet nuevamente segmentaron a los alumnos en online y offline . Se mostró que más tecnología y menos interacción se transforman en una amenaza del desarrollo social, elemento esencial de la educación, que se ve amenazada por la integración de nuevas tecnologías.

Es momento de reintegrar en el adiestramiento para el futuro las mejores prácticas del pasado, los éxitos del presente y la esencia de la responsabilidad académica con un enfoque a la persona y su orientación a los valores que humanizan, transforman la sociedad, respetan el ambiente, impulsan el conocimiento y sobre todo enaltecen el alma. Esta formación con alma se caracteriza por: 1) Desarrollar el conocimiento científico en unión de una conciencia sustentable de nuestro planeta. 2) Impulsar la integración de nuevas tecnologías con una visión social de democratización de los accesos a las universidades. 3) Buscar la mayor eficiencia económica y la multiplicación del capital con un compromiso en el emprendimiento que intenta generar más oportunidades laborales. 4) Centrar su acción en la mujer y en sus derechos en igualdad a las de los hombres con un sentido de impulso a la inteligencia lógica que se apoya en la intuición emocional. 5) Asumir los deberes cívicos de construir una sociedad más justa y fraterna incrementando su visión de trascendencia del ser humano que actúa con pasión, emoción, espíritu y alma. 6) Preparar a los jóvenes a subsistir, conseguir un trabajo y los enfoca en vivir la vida en forma extraordinaria en servicio a sus semejantes. 7) Impulsar un emprendimiento con sentido social que lleve a México a desarrollar todas las regiones. La educación de los universitarios debe emigrar de un cumplimiento de criterios de excelencia y calidad, a que cada persona, cada alumno, cada docente, cada administrador de la comunidad universitaria trascienda. Trascender en los valores, impulsar los derechos humanos, cuidar nuestro planeta, impulsar nuestra sociedad y familia. Nota del editor: Rafael Campos Hernández es Rector Institucional de Aliat Universidades. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

Por admin

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