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(Expansión) – La frase quedará para la posteridad: “La idea de que la empresa esté hecha para maximizar el valor de los accionistas es una herejía”. Era mayo de 2019 cuando Emmanuel Faber, un directivo atípico, tronaba contra la multiplicación de los beneficios únicamente para los inversionistas sin considerar al resto de los stakeholders. Pagó la factura. En marzo de 2021, dejó la presidencia de Danone cuestionado por sus pobres resultados frente a la competencia y por su estilo de liderazgo. La salida de Faber le ha puesto cascabel al gato. Sí, su remoción ha desatado un interesante debate alrededor de la necesidad de empujar el capitalismo con rostro social, en el que no solo se atienda el interés de los dueños del dinero sino también en promover un ambiente que impacte positivamente en la sociedad.

En Europa, el tema incomoda pero ya se hospedó en la conciencia empresarial. En Estados Unidos, el sector privado cabildea para que la administración de Joe Biden construya un ambiente de negocios con sentido social. En México, el fenómeno no es un secreto a voces, cuenta con seguidores, pero dominan más los beneficios del corto plazo. El ‘Caso Emmanuel Faber’ deja claro que sigue muy vigente la filosofía de ganar dinero rápido, pero sería muy injusto e irresponsable no mencionar que hay una tendencia que permite imaginar que el capitalismo ya no puede ser tan salvaje. Muchos fondos de inversión y bancos (sí, fondos y bancos) están exigiendo transparencia, compromiso, hacer las cosas bien, a cambio de inversiones y líneas de crédito. También hay emprendedores que lo piensan. Sin embargo, aquí hay algo difícil de comprender: creer que hacer el bien puede generar buenos rendimientos. Muchos líderes y organizaciones lo entienden y basan sus propuestas en función de este principio, pero también hay un amplio número que solo piensa en el bono y en el dividendo. La pregunta que ronda sobre sus cabezas es: ¿acaso es posible hacer el bien sin sacrificar el retorno de inversión? Por fortuna, hay mánagers que recibieron el beneficio de la duda de que lograrán los retornos en el largo plazo. Así, el mercado es clave, pero también la gobernanza, el apoyo del Consejo de Administración y del middle management, la claridad de que no hay dicotomía entre compensación y rendimiento con impacto social. Es ahí donde la estrategia toma un sentido u otro. Por eso, bien vale la pena pensar en lo siguiente: una sociedad sin progreso social implica un ambiente malo para los negocios. El debate está ahí: “Cuando logras compaginar que la sociedad y la empresa avancen significa que estamos haciendo bien las cosas”, dice Arturo Saval, presidente y socio fundador de Nexxus. “Muchas veces se critica al empresario, pero pocas veces se ve que es el caballo que tira de la carreta”. “Comienza una tendencia que se modela por varios lados, muchos fondos exigen igualdad de género, diversidad, prestaciones laborales correctas. La bestia ya se empezó a mover”, dice Heberto Taracena, socio fundador de Capital Invent. “Los emprendimientos que atienden a sus stakeholders crean mayores rentabilidades de largo plazo, en contraste a los que solo piensan en los inversionistas”. “La pandemia le ha movido el tapete a muchas empresas. Ya no es posible solo mirar la responsabilidad fiduciaria, Hay que dar pasos hacia una economía más inclusiva”, considera Javier Herrero, director ejecutivo de Sistema B México. “Yo no veo un boom de proyectos que atiendan a todos los stakeholders. Creo que esta pandemia no va a cambiar nada, porque a las élites no les ha dejado ni un rasguño. No se va a generar en lo más mínimo el cambio que necesitamos”, afirma Álvaro Rodríguez Arregui, cofundador y managing partner de IGNIA Capital.

Marcas con causa frente a la emergencia | Expansión Live

“Se ve el compromiso de muchos inversionistas en economías emergentes hacia los proyectos de impacto social”, afirma Alberto Gómez, director de CO Capital. Definitivamente, las condiciones impuestas hoy en México para hacer negocios y la andanada de la llamada cuarta transformación no abonan a un buen ambiente de negocios considerando que la confianza se ha erosionado; sin embargo, si queremos una reactivación económica sostenible, no es posible seguir haciendo negocios sin atender a todos los grupos de interés. Hoy a las empresas se les interpela, se les exigen posturas para atender rezagos sociales, al tiempo que la pandemia significa el teaser de futuras crisis (como el cambio climático), lo que las debe obligar a actuar ya. Hay elementos para documentar nuestro pesimismo e incredulidad, pero también hay otros para cambiar el sentido de esta historia. Apostar por una nueva gobernanza corporativa puede significar el inicio del proceso de transformación. Si hay quien obtiene grandes rendimientos en poco tiempo, enhorabuena, pero que esto ocurra en un marco social, responsable y totalmente legal; pagar todas las contribuciones sociales, fiscales, mantener a los empleados en las mejores condiciones posibles. Por ahí empieza la derrama social y el cambio que todos deseamos. ********** Una coalición de más de 50 organizaciones encabezadas por la Alianza de Inversión de Impacto de Estados Unidos y B Lab, impulsan la creación de la Iniciativa de la Casa Blanca sobre Crecimiento Económico Inclusivo. Su objetivo: coordinar las políticas federales centradas en impulsar el stakeholder capitalism y la inversión comunitaria. Nota del editor: Jonathán Torres es periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

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