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(Expansión) – El 6 de junio se llevarán a cabo las elecciones intermedias más importantes de la historia de México. Por un lado, habrá más de 20,000 cargos en juego: las 500 diputaciones federales, 15 gubernaturas, alcaldías y diputaciones locales. Será la primera vez, desde que se aprobó la reforma de 2014, que las y los diputados podrán reelegirse. No obstante, el peso crucial de estas elecciones es su valor como referéndum del gobierno del presidente López Obrador. La aprobación de su gestión permanece cercana al 60% y parece que su partido obtendrá victorias significativas en estos comicios.

Comparado con el inicio del periodo electoral, las encuestas han colocado un revés contundente contra Morena. El resultado cambiará según la inercia del voto, si ésta se mantiene en la misma dirección de 2018 o sucumbe al efecto pendular. La ley del péndulo, descubierta por Galileo Galilei hace más de 500 años, hace alusión a las oscilaciones en vaivén y al tiempo exacto que toma al péndulo regresar de un extremo al centro. En política, este efecto se ve reflejado en la alternancia regular y predecible de partidos en el poder. Por ejemplo, en un sistema bipartidista como el de Estados Unidos, el poder suele transferirse de Republicanos a Demócratas entre administraciones. El columpio suele ir de izquierda a derecha o viceversa. ¿Qué pasa en un país como México? El poder se ha relevado recientemente entre partidos cuyas políticas no se adhieren a las ideologías que en papel representan. Como ejemplo, el gobierno actual se denomina de izquierda y, en realidad, su discurso y sus acciones se inclinan hacia la derecha populista. López Obrador aprovechó esa inercia en 2018. La inseguridad se disparó con el PAN y empeoró con el PRI. La corrupción se exacerbó en esas administraciones y, aunque hubo mejoras en la pobreza, no fueron suficientes. La pregunta es si tres años después la situación ha mejorado. Sus apariciones en los medios están plagadas de logros de su gobierno, cifras maquilladas, los famosos “otros datos” y ataques que culpan a los antecesores por los fracasos de su gobierno. La realidad muestra otra cara: los años más violentos de la historia, con más de 35,500 asesinatos en 2019 y 2020; una respuesta muy lacónica ante la pandemia de COVID-19, la cual ha evidenciado las fallas en el sistema de salud pública; actos inauditos de corrupción como la entrega de dinero a Pío López para la campaña del presidente; la cacería inconclusa de brujas a políticos del pasado; una economía estancada; un sector energético que retrocede a pasos agigantados; y una tasa de impunidad es cercana al 99%. Entonces, si las elecciones intermedias son como una evaluación previa al famoso plebiscito de 2022, ¿qué calificación le asignarán los electores? La demagogia del presidente ha sido muy efectiva en dividir a la sociedad. Las antípodas ven a “fifís” contra “chairos”, conservadores contra liberales, empresarios contra los que apoyan al proyecto de gobierno y la prensa buena contra la mala. Sin darse cuenta, esta polarización sólo da más impulso al péndulo, ya que una sociedad cada vez más voluble puede transferir su peso del centro al otro extremo con gran facilidad. Fue notable el caso de Donald Trump en Estados Unidos y la rapidez con la que tuvo que entregar el poder ante la exacerbación de las diferencias sociales. No tenemos que ir tan lejos, las tendencias electorales iniciales mostraban que Morena potencialmente se llevaría 14 de las 15 gubernaturas e, incluso, ganaría curules en la Cámara de Diputados. Las más recientes arrojan números menos prometedores, con apenas la mitad de entidades que favorecen a Morena y un escenario turbio para las diputaciones federales. Esta dualidad política que caracteriza al preludio electoral debe tener claro que, aunque ambos bandos anhelen escenarios distintos, lo más conveniente para todos es un equilibrio de poderes y un balance de partidos en la toma de decisiones. Para los opositores a Morena, restarle poder en el Congreso e impedir que más entidades se tiñan de guinda es muy evidente.

El reto democrático en las elecciones 2021 | Decisión 2021

No obstante, el razonamiento debe ser distinto a simplemente castigar a AMLO. Es necesario preservar el valor de las instituciones, exigir resultados e impedir arbitrariedad en las decisiones de política pública. Por otro lado, quienes apoyen el proyecto de Morena también se beneficiarían de una oposición más sólida. De esa manera es más difícil que las iniciativas aprobadas en Congreso sean suspendidas después por el poder Judicial, como las modificaciones a las leyes de la Industria Eléctrica y de Hidrocarburos. Ante la necesidad de forjar alianzas para alcanzar la mayoría calificada en el Congreso, Morena tendrá que matizar sus propuestas, rendir cuentas, incluir observaciones de la oposición y buscar el consenso entre las partes. Si la inercia del péndulo se canaliza a una sola dirección, en vez de oscilar entre extremos, las dos partes comprenderán que la convergencia las acercará más rápido a una meta: el mejor escenario para México. Las únicas dos fuerzas que intervienen en el movimiento del péndulo son la gravedad y la tensión de la cuerda. En el caso de estas elecciones, la gravedad radica en el rumbo político que navegará el gobierno a raíz del resultado y la tensión se refleja en el antagonismo del electorado. Constantemente se escuchan los términos “voto útil” y “voto de castigo” como estrategias para votar, pero lo idóneo sería optar por un “voto objetivo e informado”, en donde el fin sea preservar nuestra democracia, la cual se sostiene en las instituciones, la representación de todos los grupos y el respeto de los resultados. Aún no se sabe si el efecto péndulo alterará la configuración del Congreso y pondrá un alto al oleaje morenista en los estados, o si el apoyo permanecerá en el mismo extremo al que llegó hace tres años. Sin embargo, mientras el péndulo se mueva, la alternancia exigirá mejores resultados a quien reciba la estafeta. Lo peor que puede pasar es que, ante la desafección política, la inercia del péndulo desvanezca y México se paralice en el centro, donde ya vivió por casi un siglo. En palabras de Benjamin Disraeli, “ningún gobierno puede mantenerse sólido mucho tiempo sin una oposición temible”. Nota del editor: Antonio Michel estudió Relaciones Internacionales en el ITAM, donde es profesor, y tiene una Maestría en Administración Pública por la Universidad de Maxwell. Trabajó casi 7 años en la Administración Pública Federal, en las secretarías de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social, Energía y Gobernación. Su pasión son los asuntos internacionales, los asuntos políticos y la administración pública. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

Por admin

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