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(Expansión) – En México y en el mundo las empresas han tenido no solo que adaptarse a vivir en medio de una pandemia, sino que a su vez tienen que plantear nuevas estrategias para innovar y poder recuperarse del impacto económico que dejó el primer año del COVID-19, con un marco institucional y normativo acorde a las nuevas circunstancias que se viven ahora. La innovación es parte del devenir histórico de la sociedad y un activo necesario para el crecimiento económico, se hace presente tarde o temprano en todas las sociedades; sin embargo, la diferencia en la profundidad de sus impactos se debe a la velocidad con la cual se integra a los procesos industriales y esto está determinado por cómo y cuándo se invierte en ella.

En un primer momento, México debe asegurar el crecimiento de sus capacidades de innovación en las industrias de producción masiva, lo cual se logra fundamentalmente mediante el fortalecimiento del consumo a través del mercado interno que, además de fortalecer la producción a gran escala, permitirá que en el campo tecnológico se “aprenda-haciendo”. Sin abandonar la orientación tradicional a las exportaciones, también se deben crear incentivos al aprendizaje y a la innovación de las pymes, enfocándose al desarrollo de innovaciones pre-competitivas, en donde las empresas se centren en conocer a detalle el verdadero problema o actividad que el cliente está tratando de resolver o atender, antes de lanzar un nuevo producto al mercado. Las empresas deben conocer que cuando las personas comparan un producto o servicio, esencialmente lo que hacen es «contratar» el beneficio que trae consigo el uso del bien, o mejor dicho, para que les ayude a realizar una determinada actividad o trabajo y en ello, si funciona bien, lo volverán a comprar. En palabras más simples, como lo señaló el economista Theodore Levitt: “cuando alguien compra una taladradora en realidad compra agujeros”. Cuando se trata de innovar para atender nuevos mercados, al principio es recomendable olvidarse de la diferenciación y concentrarse en la observación y el aprendizaje de lo que están haciendo otros en el mercado; la estrategia es identificar a los competidores, tanto existentes como potenciales, y luego superarlos. Tratar de diferenciarse desde el principio en un nuevo mercado puede llevar a las empresas a un abismo sin fondo. Un enfoque más eficaz es tratar a las otras empresas competidoras en el mercado, como pares en lugar de competidores. Innovar a través de la experimentación requiere de tener un producto mínimo viable en el mercado y detenerse periódicamente para validar y reflexionar sobre sus efectos antes de lanzar la versión definitiva (whole product). Se debe de comprometer con un enfoque general para crear y capturar valor y después identificar qué hacen los competidores a su alrededor, para posteriormente precisar los detalles del modelo de negocio ganador.

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El camino tradicional erróneamente seguido por algunas empresas que intentan innovar es identificar a los clientes potenciales, identificar lo que valoran y optimizar agresivamente sus operaciones para entregarlo en una forma más rentable; olvidando que para innovar disruptivamente se requiere un producto o servicio incompleto en términos de uso y compatibilidad y parcialmente elaborado, con el fin de obtener información específica del nuevo mercado, lo cual aumenta probabilidad de éxito y rentabilidad. En el proceso para lograr la innovación muchas empresas ejecutan estrategias altamente racionales y basadas en métricas previamente definidas; sin embargo, en la búsqueda por conseguir nuevos nichos de consumidores se vuelven altamente inflexibles ante los cambios que se presentan en el mercado, pues estos modelos tienden a enfocarse desmedidamente en diferenciarse de la competencia, estableciendo una característica única para entregar y retener valor, lo cual deriva en productos o servicios sin demanda. Cuando se busca llegar a un nuevo mercado, ya sea por parte de empresas establecidas o bien por parte de emprendedores, no suele ser fácil responder a preguntas como: ¿Qué valora el cliente? ¿Quién es el cliente? ¿Cómo dar valor y costo apropiado? Esta incertidumbre ocurrida en los nuevos mercados necesita de un marco estratégico diferente. Rory McDonald y Kathleen M. Eisenhardt llaman a este nuevo marco de acción estratégico “ parallel play” el cual contempla los siguientes puntos: 1) Olvida la diferenciación y toma las ideas de los competidores en su lugar. 2) Experimenta sin descanso, pero luego confía. 3) Pausa, observa y espera. Al buscar innovar en nuevos mercados, es relevante salir a validar los términos de uso y compatibilidad con la versión más primitiva del producto y hacer al consumidor partícipe de alguna manera en la definición del producto definitivo (whole product). Habrá de identificar qué elementos del producto definitivo son críticos para que los clientes satisfagan su razón de compra. El país requiere promover políticas de innovación con el marco institucional y normativo ya comentado que fomenten y faciliten el desarrollo de proyectos, emprendimientos, intra-emprendimiento y formación de talento para poder crear una ola virtuosa de innovación que transforme el país. Nota del editor: Juan Alberto González Piñón es director de Spark UP y académico de la Facultad de Empresariales de la Universidad Panamericana. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

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