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(Expansión) – El concepto del Internet de las Cosas (IoT) ha dejado de ser una buzzword . De ser una novedad que permite medir nuestro rendimiento físico, monitorear nuestros signos vitales o conocer el desempeño de una máquina, ha evolucionado para crear valor para las empresas. En su nueva dimensión, el IoT se convierte en una fuerza transformadora que abre nuevas posibilidades no solamente para elevar la eficiencia, sino también para innovar y diferenciarse, a medida que se crean nuevos modelos de negocio. El valor, por ende, provendrá de los datos que se derivan de los millones de dispositivos conectados, pero también de una estrategia de IoT bien planeada y apoyada por tecnologías clave.

Esta perspectiva de lo que el IoT le puede ofrecer a las organizaciones es por demás atractiva, pero también conlleva ciertos retos. Uno de los principales será desarrollar las habilidades técnicas y de negocio de su capital humano para poder aprovechar efectivamente los insights . No debe perderse de vista que, para aprovechar las oportunidades que surgirán, las compañías necesitarán adoptar un modelo de innovación donde los colaboradores sean capacitados para dominar las entrañas del Internet de las Cosas. Asimismo, al conjugar los activos físicos ya existentes con los nuevos activos virtuales, es posible comenzar a monetizar la información y, a partir de ella, crear nuevas fuentes de ingresos y hacer más eficiente su operación. Ahora bien, hay dos componentes que las organizaciones tendrán que considerar para facilitar una implementación exitosa de un proyecto de esta naturaleza. El primero de ellos es el ecosistema subyacente que lo hace posible. Y es que las organizaciones no pueden contar internamente con todas las capacidades para mover los hilos y explotar efectivamente la información que generan. En el mercado hay jugadores que pueden ayudarles a hacerse de dichas capacidades y poner en práctica su experiencia y conocimientos para cada caso de uso, en industrias específicas. El segundo son las propias herramientas de IoT. Hoy, se han consolidado plataformas que permiten conectar múltiples dispositivos para poder procesar esa información y traducirla a un lenguaje que tenga sentido para la organización. Para que una iniciativa de esta naturaleza sea altamente efectiva, es vital definir con la mayor precisión posible en qué áreas y procesos se va a utilizar el Internet de las Cosas, y qué objetivos concretos se busca alcanzar. No hay que perder de vista que como con cualquier iniciativa tecnológica o de negocio, la inversión realizada necesita redituar en mayor productividad, rentabilidad, eficiencia, mejora de servicio y atención, entre otros. La recomendación es comenzar con una prueba de concepto rápida y de menor escala que pueda ofrecer un panorama más amplio para prever su funcionamiento, para de ahí escalarlo lo más rápidamente posible. Este método permite además identificar los errores y corregirlos de forma expedita, al tiempo de aplicar ese conocimiento al interior de la empresa. De este modo se crearán más casos de uso que apalancarán al IoT y se desarrollarán nuevas y mejores capacidades.

De hecho, existe un número inimaginable de casos de uso piloto con los que se puede iniciar. Las organizaciones pueden explorar el IoT con tecnologías básica que ya están disponibles y aprovechar los múltiples casos de uso de menor escala ya probados. Una de las ventajas del IoT es que, al igual que otras innovaciones como la analítica y la nube, las empresas de todos los tamaños e industrias pueden tener acceso a esta tecnología y competir en igualdad de condiciones. La clave es perder el temor para probar el IoT, y una vez que se ha entendido, su uso se acelerará y se lograrán nuevas habilidades, nuevos servicios y procesos, y se podrán sacar ventaja de su modelo de pago por uso y seguridad reforzada. La conjunción de las capacidades propias y del ecosistema sentará las bases para que el IoT contribuya a la transformación digital, y al procesamiento de datos en tiempo real para tomar decisiones mejor informadas, obtener valor y competir en un entorno en el que impera la incertidumbre. Nota del editor: Luis Meza es Socio Director en Consultoría de Deloitte México. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

Por admin

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