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(Expansión) – Después de más de un año de pandemia y de platicar con diversos clientes de las experiencias y retos que han surgido en estos meses, emerge una pregunta que a más de uno nos tiene girando en la cabeza: ¿cómo ha cambiado el mapa de poder en las organizaciones? ¿Cómo se redefinieron aquellos espacios que simbolizaban algo? Y cuando hablamos de símbolos, quiero referirme al concepto de Carl G. Jung, quien manifestaba que los símbolos representan una construcción de significado común y en este sentido las construcciones del poder en las corporaciones estaban dadas por aquello que podíamos ver, en vivo y en directo, lo tangible.

Una parte importante de la jerarquía de un ejecutivo se reflejaba en elementos físicos con los cuales determinábamos quién o quiénes eran importantes: el tamaño de la oficina, del escritorio, la ubicación propia de los despachos: con vista al exterior, a la calle o en las poderosas esquinas, el lugar y tamaño del estacionamiento personal, el baño propio, la sala de juntas exclusivas; en fin, una serie de elementos con los cuales podemos observar que las empresas estaban llenas de construcciones simbólicas, unas de poder y otras de significados comunes. Muchos no me dejarán mentir, pero existían (y existen) pisos o edificios enteros solo para los altos ejecutivos y si en algún momento eras llamado o requerido para asistir a una reunión o junta, la experiencia era como visitar al “Olimpo”. Ante este ejemplo, vemos que la distancia física con la gente era un símbolo de poder y un común denominador entre los líderes. Ironía de los tiempos actuales donde ahora la distancia con la gente se vuelve algo contraproducente. Dicho esto, ¿dónde está el poder ahora? Olvidémonos un momento de los símbolos y busquemos dónde radica el poder en este contexto actual por el que estamos atravesando. Ahora ni importa el tamaño de la silla en casa del colaborador ni en casa de los jefes. La construcción del poder hoy está de verdad en la capacidad de los líderes de influenciar, de movilizar equipos, de construir valor con una mayor agilidad y flexibilidad. Hay muchas firmas que ya venían trabajando una serie de elementos relacionados con una mejor gestión por parte de los directivos y altos mandos, adoptando nuevas estrategias de management en busca de dinámicas de gestión más enfocadas a la adopción de culturas más inclusivas y participativas. Sin embargo, hay muchas otras que continuarán ancladas en dinámicas laborales muy arcaicas, con esquemas laborales demasiados estructurados y organigramas rígidos donde la información solo fluye de arriba para abajo y no hay una retroalimentación en ambas bandas de comunicación. Estas últimas resistentes al cambio de las nuevas dinámicas organizacionales, dejarán de crecer o perecerán. Los nuevos líderes deberán transformar esos símbolos físicos, por ahora irrelevantes, por características personales que aseguren el compromiso de sus colaboradores, donde el foco en “el poder” se transforme en el “poder ayudar” y genere valor de dentro hacia afuera.

¿Cómo hacerlo? Exploramos cuatro ejes que sin duda formarán parte del cambio en nuestro rol de liderazgo. – Centrarse en las necesidades de las personas. El nuevo líder debe de ser capaz de escuchar empáticamente y conectar con las aspiraciones y talentos de sus colaboradores, entendiendo sus necesidades y servir de puente con la organizacion para que éste pueda alcanzar su máximo potencial. – Foco en servir. Su nueva misión es dirigir al equipo para que, utilizando la innovación, la comunicación y la orquestación, sea capaz de poner sus talentos al servicio de la misión. – Fomentar la colaboración flexible y digital. Deberá ser capaz de encontrar las formas en que el equipo opere utilizando al máximo plataformas colaborativas y digitales, que funcionen eficientemente en ambientes remotos, híbridos y presenciales. – Campeón de la inclusión, la igualdad y la diversidad. Las generaciones enteras esperan un dirigente que sepa amalgamar intereses, visiones, formas de ser y pensar y logre que su equipo alcance resultados extraordinarios. Es sobre la base de la confianza y absoluto respeto que el líder gana la confianza y credibilidad del equipo a cambio de su mejor desempeño. En resumen, los ganadores de la pandemia en términos de construcción de valor, mas no de poder, son aquellos dirigentes que puedan movilizar individuos, equipos y organizaciones a través de su nivel de influencia, en su capacidad de orquestar y por supuesto, de inspirar. Los símbolos deberán transformarse en cercanía, valor y liderazgo contundente para dejar huella en este momento de la historia y por los años por venir. Nota del editor: Rogelio Salcedo es Socio director de Olivia México. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

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