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(Expansión) – Ahora que trabajas tantas horas frente a la computadora, ¿habrá cambios que puedes hacer para irte a descansar más temprano? En esta ocasión quiero hablarte de un gran ladrón de tiempo: el perfeccionismo. Es enemigo de la productividad. Consume demasiadas horas y quita tiempo para emplear en otras tareas.

No propongo que tu forma de trabajo sea mediocre. De hecho, así como son improductivas las personas perfeccionistas que toman periodos demasiado largos, tampoco lo son quienes hacen las cosas rápido y mal. Se trata de equilibrar todo en su justa medida de tal manera que puedas ser eficiente y cumplas con tu objetivo. En otras palabras, terminar tu labor en el menor tiempo viable y con el menor gasto de energía posible. Comienza por revisar qué tareas cotidianas te consumen más tiempo de lo que deberías. A mí me pasa que a veces tardo mucho en responder a quienes me escriben. Una amiga me recomendó que, por ejemplo, un correo no debería tomar más de dos minutos en ser respondido. Siendo honesto/a ¿qué tareas no requieren tanta perfección de tu parte? Pensemos en una arquitecta: seguramente para crear los planos de una casa requiere de todo el perfeccionismo y cuidado posible. Pero para entregar el presupuesto al cliente, la tabla de precios puede entregarse en un archivo Excel en lugar de invertir tiempo en hacer una tabla con un diseño y colores en tonalidades al estilo de la casa. El cliente lo que necesita es saber cuánto le va a costar y el desglose de precios. La combinación de colores de la tabla pasa a segundo plano. Me responsabilizo de la mirada de desdén que me he ganado de mis amigos diseñadores ante mi comentario. A lo que me refiero es que con todas las tareas que tienes, hay que saber elegir tus batallas. La solución está en que cuando sea necesario, dediques tanto tiempo a una tarea como lo haría un perfeccionista. Pero no todos los trabajos son igual de importantes y no todos requieren la misma dedicación. Mejor realiza tu tarea tan bien como sea necesario y pasa a otros trabajos. Por otro lado, ¿te has dado cuenta que cuando tienes una fecha límite para realizar algo, logras terminarlo justo a tiempo? Eso pasa. Cuando no hay opción, entras en modo “hecho, no perfecto” y la escasez de tiempo se vuelve un detonante mental poderoso para que logres resultados. El problema es que al funcionar así de manera permanente, dejando todo al último minuto, pagas un precio alto: tus niveles de estrés aumentan y tu salud mental se ve afectada. Sin embargo, hay algo de este detonante mental (el principio de escasez de tiempo) que puedes usar a tu favor para aumentar tu productividad y disminuir el perfeccionismo. Sé firme contigo y establece tus propios límites de tiempo “imaginarios”.

Visualiza esta situación: tu doctor te diagnostica que tienes una condición de salud que te impide hacer demasiado esfuerzo en tu trabajo cotidiano. Así que su indicación es que a partir de ahora sólo puedes trabajar tres horas al día, no más. Esta condición te obligaría a priorizar y sólo enfocarte en lo indispensable para sacar tu negocio adelante. ¿Te das cuenta? ¿Sería viable aplicar algo así para que dejes de ser tan quisquilloso/a con esas tareas que te consumen demasiado tiempo y energía? Otro dolor de la gente perfeccionista es que pospone mucho. Tienen la mentalidad del todo o nada (la idea de que si un trabajo no se va a hacer perfecto, más vale no hacerlo). Esto las lleva a postergar y de una manera más general, al uso ineficiente del tiempo. Teniendo en cuenta que el tiempo es muy valioso, el perfeccionismo resulta extremadamente caro. Y hablando de precios altos a pagar, el perfeccionismo constante te lleva a la infelicidad. De la misma forma que la perfección no te deja terminar a tiempo tus actividades en el plano profesional, tampoco te deja disfrutar de los valiosos minutos que reservas diariamente para tu vida personal : la familia, la salud y el ocio. Son ámbitos de tu vida que debes atender para ser feliz. Realizar un trabajo demasiado detallado te obliga a emplear más horas de las que deberías, las cuales te quitas para pasar la tarde con tus seres queridos, o para ejercitarte, o ver esa película que tanto te han recomendado. Ya sabes, esas pequeñas cosas diarias que contribuyen a elevar tus niveles de bienestar. Dejar de desgastarte en el exceso de detalle de ciertas tareas en el ámbito laboral permite que aumentes tu tiempo para cultivar y disfrutar de otros componentes de la felicidad que están más allá de tu trabajo. “La felicidad no es una cuestión de intensidad, sino de equilibrio, orden, ritmo y armonía” . – Thomas Merton. Nota del editor: Adriana Castro tiene una especialidad en Psicología de la Creatividad por la Universidad Autónoma de Barcelona. Es fundadora de Call to Action: Empresas felices. Síguela en Facebook (adrianacastromx). Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

Por admin

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