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(Expansión) – República Dominicana es un país caribeño de 11 millones de habitantes que recibe siete millones de visitantes cada año, la mitad procedente de Estados Unidos y Canadá. Este turismo genera 15% de la riqueza nacional y 500,000 empleos. Ante la crisis del COVID-19, el presidente Luis Abinader, político y empresario vinculado al turismo, anunció algunas medidas desde agosto del año pasado.

Por ejemplo, las familias dominicanas recibieron créditos a través de la banca para ir a los hoteles lujosos de la isla, que podrán pagar a cómodos plazos mensuales en un Plan de Incentivo al Turismo Interno impulsado desde el gobierno. Otra iniciativa fue que el gabinete de turismo encabezado por el presidente dominicano comparte las decisiones de promoción en reuniones compartidas gobierno-empresas. “No hay que temer a la transparencia”, comenta a Expansión el ministro de Turismo David Collado, ex alcalde de Santo Domingo. Cuando el gobierno estadounidense decretó al país en alerta de viaje nivel 4 (no viajar) junto con 179 países la Secretaría de Turismo mexicana emitió una queja. En República Dominicana la decisión fue vacunar a todo el sector turístico: 75,000 personas en cuatro días. Claro que México tiene otra situación: aquí el PIB turístico solo es 8.7% de la economía (más de dos veces el PIB automotriz) y genera un millón de empleos. Obviamente no es tan importante. ¿o sí? Lo razonable es que el presupuesto de la secretaría después de pagar nóminas se destinará en México a construir un Tren Maya cuya obra arrancará en plena recuperación de la pandemia. Imagine el ruido y el tráfico que alegrará la vida de la carretera que une Cancún y Tulum, más de dos horas y media si queda un carril abierto en ambas direcciones, el doble del tiempo normal. Imagine la vida de los trabajadores de los centros turísticos que tengan que ir de uno a otro lado. Los hoteleros temen que serán pocos los tours operadores o las agencias que ofrecerán un destino en el que la experiencia de viaje incluye embotellamientos. Afortunadamente la obra está prevista por dos años nada más. O cuatro, según los que saben.

Resignación y silencio

Por supuesto los hoteleros de Quintana Roo también trataron de encontrar la manera de vacunar a todos los empleados, pagando las vacunas y dejando un excedente para la población en zonas marginadas. Por supuesto que tampoco se pudo. En la Cumbre del Turismo del WTTC en Cancún que empezó ayer, los empresarios y representantes del sector ya no se quejan con el secretario de turismo Miguel Torruco. Simplemente lo eluden ante lo que saben que es su negativa a escuchar o a contradecir cualquier decisión del presidente, a quien, dicen, “no le importa el turismo”. Los empresarios lamentan las disputas entre un Torruco, sin presupuesto, y el presidente del Fonatur, Rogelio Jiménez Pons, que trae el dinero en el bolsillo para desarrollar el proyecto presidencial del Tren Maya. Hay quien defiende el tren porque unirá norte y sur, pero nadie le ve un sentido económico. Quien intentó acercarse al presidente López Obrador para comentar la situación, nunca pudo presentar su caso, ante el terror que sienten los colaboradores, dicen los empresarios turísticos, a contradecir una visión que, sin sentido, se quedó en su planeación pre pandemia. El gobierno claramente no contaba con una crisis global que ha dejado al sector sin liquidez, que ha mandado a la mayoría de los empleos de regreso a sus estados de origen y por el que auguran un 2021 crítico. Como previó su visión neoliberal del mundo, por supuesto que ya aparecieron los fondos para comprar los hoteles quebrados, y varios hoteleros pueden contar cómo aparecen compradores con billeteras dispuestas a pagar gangas a descuento. El sector anunció ayer 2,500 millones de dólares de inversión en México en la cumbre del WTTC. Detrás de las palabras públicas, y a la espera de la recuperación de los viajes de Estados Unidos, Canadá y Europa el sector turismo solo espera que pase la pandemia, y el gobierno que los abandonó en nombre de un combate a la corrupción en el que no hay ni un acusado, ni un condenado, y de los que ninguno de ellos entiende en qué fueron parte. Nota del editor: Alberto Bello es Editor en jefe de Grupo Expansión. Síguelo en Twitter . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

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