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(Expansión) – A partir del 11 de marzo de 2020, cuando la OMS declara el coronavirus COVID-19 como una pandemia, todos los aspectos de nuestras vidas cambiaron y nadie ni nada escapó de ello. La distorsión socioeconómica resultante exhibió las fortalezas y debilidades de las capacidades económicas y financieras de las empresas, mientras el distanciamiento social y físico obligatorios impusieron la necesidad del trabajo remoto en proporciones nunca vistas, desafiando la flexibilidad de las operaciones y la administración de sus recursos humanos.

En esta realidad, los diferentes enfoques sobre la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) también quedaron a la vista de todos y, no siempre, mostrando su mejor cara. En el mundo, la iniciativa privada lanzó diversos programas de Responsabilidad Social enfocados en la disminución de los contagios y el apoyo a sus empleados, proveedores y socios, pero no todas las acciones tuvieron los resultados positivos esperados. ¿Falló la Responsabilidad Social Corporativa? No. Tal vez lo que ocurrió es que hay demasiados enfoques de la RSC y cualquiera que no la considere un componente estratégico del negocio, tanto como el económico, el financiero o el legal, y sólo la oriente hacia asuntos ambientales o filantrópicos, estará actuando equivocadamente. Por desgracia encontramos frecuentemente esta condición, lo que dificulta la correcta adopción de la RSC en las empresas, disminuye su efectividad e incluso ha pervertido su utilización. La Responsabilidad Social Corporativa debe entenderse como un modelo de negocio que se regula a sí mismo y que implica la interacción de una organización con sus públicos de interés y la sociedad en general, en un escenario ética y socialmente responsable. Sin duda, la estandarización de la práctica en el mundo ayudará a aumentar el valor de los resultados de la RSC sobre la sociedad en general. Algunos ejemplos de los esfuerzos por homogenizar la RSC son los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, los Principios de Ecuador o las Normas y Estándares de Desempeño de la IFC; en Estados Unidos, la guía y el apoyo gubernamental para que las empresas adopten y reporten sus prácticas de RSC; la obligación de incluir la RSC en las políticas de gobierno corporativo de las empresas del Reino Unido; en Europa, el acompañamiento de las iniciativas de la ONU (Global Compact) y de la OECD y, en algunos casos, la obligación de reportar las actividades e inversiones de RSC; y, finalmente, la legislación de la India que obliga desde 2014 a las compañías de ciertas características, a cumplir con prácticas y de Responsabilidad Social Corporativa, incluyendo la inversión de un mínimo del 2% de los beneficios promedio de 3 años de operaciones. En México, tal vez la mejor referencia es el Índice de Sustentabilidad (S&P/BMV) que la Bolsa Mexicana De Valores lanzó el año pasado, que agrupa a 29 empresas que se esfuerzan por mejorar su desempeño ambiental, social y de gobierno corporativo (ASG) frente al aumento de su demanda en el mundo entero, a medida que los inversionistas se interesan cada vez más por las compañías que incluyen criterios de ASG en sus operaciones y cumplen, por ejemplo, con los lineamientos del Global Compact de la ONU. En términos generales, cualquier iniciativa de Responsabilidad Social Corporativa exitosa requiere de una serie de consideraciones.

La responsabilidad social con visión de negocios | Expansión Live

La organización que decida adoptarlas, además de conocer el contexto en el que opera y su posición en el mismo debe lograr la mejor comprensión posible de sus interacciones con las entidades de gobierno y las comunidades internas y externas, sin olvidar los efectos socioeconómicos y ambientales de su operación. Por otro lado, es indispensable que las iniciativas de RSC sean respaldadas y presupuestadas con la misma seriedad que recibe cualquier otra iniciativa del negocio, entendiendo que el camino para lograr la sostenibilidad es largo y complicado. Por último, el conocimiento y apego a los estándares seleccionados por la organización, así como la medición, el seguimiento y el reporte de los resultados obtenidos, nos permitirá mejorar constantemente y proponer acciones cada vez más efectivas. No cabe duda de que la Responsabilidad Social Corporativa, diseñada, aplicada y mantenida correctamente funciona y entrega beneficios sustanciales a las organizaciones que las respaldan y a la sociedad en general, sobre todo en el mundo nuevo que empezamos a vivir, como resultado de los grandes cambios ocasionados por la primera pandemia del siglo XXI. Nota del editor: Alejandro Gutiérrez Marcos es un profesional de las Relaciones Públicas y la Comunicación. Escríbele a alejandro.gutierrez@alterpraxis.com Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

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