<![CDATA[

(Expansión) – En la última Encuesta de Financiamiento a las Empresas de Banco de México lo primero que brinca es que, al cierre del 2020, 77% recurrió a proveedores y apenas 27% a la banca comercial. El primer dato no puede ser sorpresa para ningún empresario, menos aún ante una recesión que ha secado la liquidez en tantos sectores. En el segundo, lo frustrante es que el crédito bancario haya crecido tan poco en 20 años, desde niveles de 22% en los 2000, mientras la dependencia de las cuentas por pagar llegó a 75% mucho antes de que se presentara la pandemia.

Considerando que gran parte de esas fuentes de crédito se ocupa para capital de trabajo, podemos hacernos una idea del fracaso ante esa área de oportunidad en la que sólo hemos avanzado a paso de tortuga: que empresas y emprendimientos con potencial para crecer cuenten con apalancamiento accesible, a cambio de buenos rendimientos a inversionistas locales y de todo el mundo que estarían interesados en su fondeo… si hubiera las condiciones mínimas necesarias. Más que por la incertidumbre política y económica, la restricción viene de algo tan básico como barreras de entrada y salida para las inversiones. La economía informal limita inevitablemente al crédito tradicional, porque la mayoría de los negocios y los emprendedores no cumple con requisitos elementales para ser sujeto de crédito. Al mismo tiempo, nuestros mercados de capitales son todavía pequeños, lo que dificulta que el capital privado entre a llenar el vacío. El inversionista enfrenta una incertidumbre primordial: con un mercado sin profundidad, no puede trazar un camino seguro de salida para hacer líquida su inversión. Como no sabe si encontrará compradores para su activo en el tiempo considerado, o antes frente a alguna emergencia, no puede comprometer plazos definidos a coinversionistas sin incurrir en costos o riesgos financieros y fiduciarios importantes. Así que voltea a otra parte. Es un problema estructural sin solución rápida, ejemplo clásico del dilema del huevo o la gallina: por un lado, las empresas y el mercado no crecen por falta de acceso al financiamiento; del otro, ni el sector financiero ni los inversionistas pueden entrar de lleno a fondear ese crecimiento. De ahí la buena noticia de los nuevos vehículos de inversión híbridos, diseñados justamente para desatar ese nudo gordiano. Hemos confirmado, con casos reales, cómo puede resolverse el dilema con el estudio “Structuring for Exit: New Approaches for Private Capital in Latin America”, recién publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo, y en el cual participamos la Asociación de Capital Privado para América Latina (LAVCA), la Asociación de Capital Privado para Mercados Emergentes (EMPEA) y Adobe Capital. La clave son instrumentos como el cuasi capital: soluciones que mezclan características de inversión y préstamo. Por ejemplo, el financiamiento basado en ingresos (RBF por sus siglas en inglés): básicamente, el emprendedor paga en función de variables como ventas o utilidades, en vez de sujetarse a programas de garantías, plazos y tasas fijas para los cuales o no es candidato viable o no le convienen. Como hacer un traje a la medida del ciclo de negocio y su evolución.

Los VCs y los sesgos de género | Expansión Live

Así funcionan créditos como los de Viwala para mujeres emprendedoras: si venden menos, pagan menos o nada (por ejemplo, ante un evento inesperado como la pandemia); cuando crece el negocio, aceleran la amortización. A cambio, quienes aportan el capital lo hacen con el aval de obligaciones pactadas de inicio, complementadas con incentivos como regalías en ingresos o acciones. Otra opción son las transacciones con acciones redimibles, ideales para proyectos con cierta tracción: como inversionista, adquieres una participación directa en el capital social que el emprendedor está obligado contractualmente a recomprar. O al revés: préstamo basado en ingresos convertible a participación preferente. Con ese modelo pudimos ayudar a la fintech colombiana Puntored en su fase de expansión y ofrecer buenos rendimientos a plazos preestablecidos a los inversionistas que participaron. En general, las soluciones estructuradas garantizan un grado de liquidez sin depender de una salida tradicional, como venta, traspaso o cotización bursátil. Ese es el catalizador: en vez de esperar hasta que haya las condiciones ideales, que ambas partes encuentren el punto de equilibrio a la medida de las condiciones reales. La flexibilidad es el parteaguas. En el estudio del BID se presentan casos prácticos de nuestra región y de Asia, donde nos llevan la delantera, que dan pistas sobre cómo podemos escribir nuestra propia historia de éxito para financiar un boom de emprendimiento. Es una fuente de ideas para la innovación y de inspiración tanto para emprendedores como inversionistas. No podemos esperar otros 20 años para que crezca la penetración del crédito tradicional, ni a que algún día tengamos una industria de venture capital como la de Silicon Valley. En nuestra región hay ideas tan buenas como en California o Israel. Grandes firmas de capital privado han llegado con abundantes recursos, como Advent o SoftBank, y ya tenemos casos de “unicornios” fondeados con inversión de riesgo pura, como Rappi o Kavak. Sin embargo, el grueso de nuestro universo emprendedor necesita un traje distinto: a la medida de las circunstancias del aquí y ahora. Nota del editor: Rodrigo Villar es un emprendedor social y Socio Fundador de New Ventures, donde busca transformar la manera tradicional de hacer negocios y crear un nuevo modelo empresarial que perciba el impacto como status quo. Cuenta con un MBA del Royal Melbourne Institute of Technology y estudió la carrera de Contabilidad y Administración Financiera por el Tecnológico de Monterrey. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

Por admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *