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(Expansión) – La temporada de estrés continuará. El ambiente en las empresas seguirá agitado. Despidos, precarización en los salarios, informalidad, entre otras agrias medidas, seguirán vigentes en la planeación “estratégica” de los departamentos de Recursos Humanos. La presión por los ajustes en la política laboral en tiempos de la llamada cuarta transformación, junto con las consecuencias de la pandemia, pondrán en jaque los grados de productividad y competitividad de las empresas en México.

La semana pasada, los líderes de las cúpulas empresariales aplaudieron los acuerdos tejidos con el gobierno que materializaron la ley contra el outsourcing ; sin embargo, para la comunidad de negocios no hay nada qué celebrar. Al contrario. La regulación a la subcontratación, los incrementos al salario mínimo, la igualdad salarial, la NOM 035, la ley que formaliza el home office , están provocando gastos incrementales en las empresas y, eso, derivará en buenas y malas, muy malas, noticias. Vaya paradoja. La política laboral le está haciendo justicia a los trabajadores ante la aplicación de diversas medidas que debieron ocurrir de tiempo atrás. Pero, en medio de la crisis económica más profunda de los últimos tiempos, la disyuntiva está en descubrir si no estamos frente a un espejismo; es decir, hoy, el trabajador y sus beneficios están en el centro de la estrategia corporativa, pero no está del todo claro que haya el dinero suficiente para cuidar de él y de sus derechos. Los nuevos ordenamientos en materia de subcontratación, por ejemplo, tienen el objeto de evitar la defraudación fiscal, preservar la seguridad social de los trabajadores, etcétera, pero las perspectivas estiman una lluvia de despidos ante la dificultad de las empresas para contratar a todo su personal, así como el boom en la contratación por esquemas por honorarios trasladando al empleado la responsabilidad de pagar sus impuestos y costear sus cuotas ante el IMSS e Infonavit. La indicación para los departamentos de Recursos Humanos es mantener las rebajas en los salarios, la reestructura, aún cuando ello desequilibre a sus equipos; también, las presiones por vender, sea como sea, se manifiestan hacia el personal que vive capturado por el estrés. En síntesis, los discursos y reglamentaciones llaman a una nueva era laboral, pero en la realidad persiste la simulación. “No es un tsunami, pero sí una sacudida, una nueva capa de estrés (en el terreno laboral”, dice Melissa Mata, líder de la práctica de Compensación Ejecutiva y Compensación Total de Mercer. “Cada reforma trae un gasto incremental, que implica un músculo financiero para que la fuerza laboral esté a punto en dos a cinco años”. Es cierto, el gobierno ha hecho muy poco para ayudar a las empresas y, en cambio, le ha metido más presión al mercado laboral; también, la pandemia ha contribuido con la descomposición. Pero el planteamiento para que las empresas se mantengan en pie, a estas alturas de la pandemia, es tener una mirada bifocal y bolsillos muy profundos.

Antes, Recursos Humanos recibía las indicaciones del CEO y de los directores de Finanzas y Legal, pero ahora esta área tiene que cuidar factores muy sensibles como la fiscalización, las inspecciones, sin perder de vista la transformación de la fuerza laboral. Así, sobre ésta cae una responsabilidad de mucha monta que implica tener un ojo en el corto y el otro en el largo plazo; estar entre lo urgente y lo estratégico. Claro, no habrá nada peor que 2020, pero nos encaminamos a un mercado más caro en el terreno laboral, más complejo, en el que muchas empresas tratarán de simplificar, bajar estructuras, utilizar la digitalización para ser más eficientes y ágiles. Las grandes preguntas son cómo balancear el headcount para tener márgenes en la organización, de qué forma apretar y hacer el squeeze para que la gente en operación sea más eficiente y cuánto cuesta la mano de obra versus cada peso o dólar que se vende. (Mensaje entre líneas: para aquellos empleados que no están dando el extra y solo esperan dos transferencias bancarias al mes, preocúpense) Las crisis no se eligen. Y no hay tiempo para las esperas. Las decisiones deben buscar las eficiencias, el deber ser, diseñar lo que el negocio necesita financieramente hablando y que sea sostenible en el tiempo; si se piensa en reestructura, que ésta no sea solo para recortar, que no se sacrifiquen las capacidades que el negocio ha venido construyendo o necesita para su recuperación. Algún día, la pandemia y la crisis terminarán y la empresa necesitará a las personas correctas para poder arrancar. ********** En medio de la crisis, hay una guerra por el talento calificado y con nuevas habilidades. Las plazas en pugna son un hot commodity , cuyos salarios han crecido a una tasa superior al 40%. Es un tiempo glorioso para los profesionales en marketing digital, logística, programación en ciberseguridad, expertos en el manejo de personal, abogados filosos en la confección de contratos y científicos de datos. Nota del editor: Jonathán Torres es periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

Por admin

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