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(Expansión) – Entre el 2013 y noviembre de 2021, es decir, en menos de 10 años, se han creado más de 6,000 criptomonedas, muchas más que las 180 monedas de uso legal reconocidas en el mundo. Pero ¿cómo interpretarlas?, ¿son una opción de inversión?, o ¿son una apuesta por diversión? hasta la fecha, la cantidad de dinero invertido en estas monedas virtuales es de más de 2.5 billones de dólares o 2.5 veces el valor de la economía mexicana de 2020, además, esta cantidad podría seguir creciendo conforme más países y empresas adopten su uso. El uso de criptomonedas ha alcanzado tal popularidad que los inversionistas se cuestionan sobre invertir en este tipo de activo y en qué proporción de su portafolio hacerlo. Con rendimientos promedio de 1,300% en los últimos 4 años, han existido muchos casos de éxito de inversionistas que ganaron millones y de afortunados que han podido materializar sus ganancias.

Sin embargo, también está la otra cara de la moneda de aquellos inversionistas que fracasaron y perdieron toda su inversión y aquellos que no pudieron materializar su ganancia por haber olvidado la contraseña de su criptomoneda. En general, el valor intrínseco de las criptomonedas depende de la valuación subjetiva de los inversionistas al menudeo, los cuales compran o venden influenciados por recomendaciones de personalidades destacadas en redes sociales que pueden tener sesgos muy personales y/o con una mínima dosis de análisis financiero serio. No obstante, existe un gran valor en las criptomonedas: su tecnología subyacente (blockchain) que permite aumentar la certeza de su legitimidad; es decir, resuelve uno de los mayores problemas de tener un registro fidedigno de la información dificultando la falsificación del dinero. Esto es tan valioso que actualmente existen muchos países y bancos centrales que están desarrollando sus propias criptomonedas conocidas como CBDC (Central Bank Digital Currencies). Aunque las CBDC aún están lejos de ser promovidas para su uso, son una prueba fehaciente de que el mundo de las criptomonedas no es sólo especulación. Aunado a esto, grandes inversionistas institucionales han invertido más de 15,000 millones de dólares en capital de riesgo; provocando que, durante el tercer trimestre de 2021, 12 empresas dedicadas a las criptomonedas lograran su estatus de unicornio (empresas de reciente creación que alcanzan una capitalización de 1,000 millones de dólares). Así pues, antes de invertir en criptomonedas hay que hacer la tarea de clasificarlas entre las que están de moda y atraen a inversionistas ingenuos, y las que tienen la mejor tecnología en términos de velocidad de transaccionalidad, número posible de transacciones por minuto, ejecución de contratos inteligentes, cantidad de energía y tiempo necesario para generar nuevas unidades (tokens), etcétera.

Con esto en mente, un inversionista sesudo no puede esperar que la historia se repita y las criptomonedas vuelvan a subir más de 1,000%. Sin embargo, si el inversionista tiene una alta tolerancia a pérdidas en el corto/mediano plazo, podría invertir un porcentaje marginal y buscar ganar rendimientos de doble a triple dígito a través de dos opciones: 1) invertir en una estrategia de valor en las criptomonedas con mejores opciones tecnológicas y/o 2) invertir en una estrategia de momentum que considere las tendencias de aquellas que están de moda, pero acotando su exposición a un porcentaje tope para tomar utilidades conforme aumenten de valor. En cambio, si se trata de un inversionista con una tolerancia media al riesgo, ¿cómo puede invertir de manera menos riesgosa?, una posibilidad es hacerlo de manera indirecta a través de empresas que se dedican a la creación de aplicaciones basadas en blockchain, aunque también conlleva el riesgo de que están en un subsector de las empresas tecnológicas que han experimentado un rally que ya se empieza a comparar con la burbuja de tecnológicas de principios de siglo (dotcom). En breve, la perspectiva de un inversionista que desde hace tiempo ha empleado criptomonedas y que está consciente de que pueden sufrir caídas que disminuirían, pero no borraría sus ganancias, es muy distinta que la de un inversionista nuevo que compraría activos sobrevalorados que difícilmente repetirán el desempeño de los últimos años, en este caso una caída sería más relevante. Nota del editor: Ramsé Gutiérrez es Senior Vice President /Co-Director de Inversiones en Franklin Templeton México. Síguelo en LinkedIn. Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

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