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(Expansión) – “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, relata el microcuento de Monterroso, atrapando en siete palabras nuestra imaginación. Y cómo no: las historias son mágicas. Siempre se ha sabido, pero hasta hace poco no las habíamos procurado como una estrategia en las organizaciones, creando ya incluso posiciones directivas de cuenta-historias o Chief Storyteller (como ha ocurrido en Microsoft, IBM o GE) o introduciendo esta función en los departamentos de Mercadotecnia y Recursos Humanos (RH). Contar historias es poderoso: ahí están la mitología, los textos religiosos y las grandes crónicas como la Ilíada y la Odisea, el Poema de Gilgamesh o el Mahabharata. El cerebro humano se encuentra tan sesgado hacia los relatos que los niños aprenden a hablar por sí solos. Cuando escuchamos una historia, se activan hasta siete áreas del cerebro a la vez, incluyendo aquella que procesa imágenes, la cual funciona, a decir de una reciente investigación por la firma 3M, 60,000 veces más rápido que el área que procesa el lenguaje. En cambio, aprender a leer y escribir – funciones que en la historia de la humanidad surgieron mucho después- aún requiere años de práctica.

Aplicaciones del storytelling en las empresas abundan: en la mercadotecnia, sí, pero también en los testimonios de clientes, en la comunicación de la directora general a sus colaboradores, en la comunicación interna – donde se relata la vida de los colaboradores, grandes encrucijadas que se han sobrellevado o cómo fue que surgió la visión de los fundadores, en las acciones de responsabilidad social que se persiguen, o en el llamado a innovar, a mejorar la experiencia del usuario, a vencer a un competidor o a emprender una gran transformación en la firma. Es un secreto bien guardado que las casas de subastas como Christie’s, Sotheby’s o López Morton en suelo nacional, y los anticuarios en lo general, consiguen mejores precios para los objetos cuando existe en torno a ellos alguna historia interesante. El punto fue empíricamente demostrado por dos periodistas estadounidenses que en 2009 adquirieron una centena de “chácharas” en línea, con un valor de uno o dos dólares cada una, y tras inventarles una historia, las lograran revender en 24 veces su valor original. La crónica de su experimento está disponible en significantobjects.com . Una buena historia no depende de un acontecimiento monumental. Se puede tejer un relato efectivo en torno a un suceso o una situación muy ordinarias mientras que las emociones evocadas – alegría, sorpresa, agradecimiento o frustración- sean grandes y la audiencia pueda identificarse con ellas. Reconocer el poder de las historias al interior de las empresas es oportuno también frente a la desconexión emocional que reporta una gran cantidad de empleados (y que al menos en los Estados Unidos parecería haber contribuido a esa “gran renuncia” del último año, un fenómeno real, aunque un tanto exagerado en los medios, por cierto). Identificar y compartir historias sobre la vida de los colaboradores – los años que llevan en la empresa, las decisiones a las que se han enfrentado, cómo se organizan para darle sentido a su cotidianidad, cómo su trabajo impacta positivamente la vida de los demás- nutre la sensación de comunidad y de un propósito mayor. La encuestadora Gallup confirma lo que muchos directores y dueños preferirían no oír: que mucho más que una marca o misión abstractas, la gente cree en la gente con, y para la cual, trabaja. ¿Cómo no ver ahí la importancia del storytelling ?

Existen muchos consejos para contar buenas historias. En todo caso es un músculo que necesita práctica. Al concebir una historia, identifica tu propósito o el efecto deseado, quién es tu audiencia y qué le importa a ella, quién será tu protagonista (que puedes ser tú mismo, aunque las historias contadas en tercera persona son más creíbles), los acontecimientos a contar – donde idealmente habría un reto, problema o situación inesperada que la protagonista habría de resolver-, y un desenlace aleccionador. Puedes jugar con la cronología y comenzar por el final, despertando el interés de tu audiencia sobre cómo tu protagonista, o tú mismo, acabaste ahí. No olvides también hacer uso del humor y las situaciones de desventaja, donde tu capacidad para reírte de ti mismo te ganará la simpatía de tus escuchas. Y por encima de todo, como un buen reportero, comienza a armar tu colección de relatos, tomándolos de lo que escuchas y ves, así como de lo que te sucede. “Las historias le ocurren solo a quienes pueden contarlas”, dice el refrán. Ya sea que estés movilizando a una gran corporación, emprendiendo y tratando de conseguir a tus primeros clientes e inversionistas, inyectando a tu equipo de un sentido de propósito, diseñando tu próxima presentación o contándole a tus hijos un relato en cama, el mundo será un mejor lugar – y tú un mejor líder- si asumes ese storyteller que llevas dentro. Nota del editor: Jaime Martínez Bowness es decano regional de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey. Síguelo en LinkedIn. Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

Por admin

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