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(Expansión) – La labor de educar se integra en un ambiente social y cultural. En los últimos 35 años en el sistema escolar nunca se había manifestado un fenómeno de pesimismo en la formación como hoy en día. Los gobiernos saben que invertir más dinero en los sistemas educativos tiene poco impacto en mejorar los niveles de aprendizaje efectivo de los niños o jóvenes. El número de alumnos que prefiere no buscar un lugar en la universidad va en aumento. El ambiente de retorno a las aulas universitarias presenta números que rompen récord de: ausencia en clase, tareas retrasadas, proyectos no entregados, dispersión de atención en las video conferencias, incremento en la reprobación y una disminución de 30% en acceso a las plataformas digitales de apoyo.

Pareciera ser que la educación es un servicio al cual se busca tener un asiento en primera fila de espectáculo al que no se quiere asistir. Desde la voz del estudiante se escuchan comentarios que evaden el problema echando culpas al sistema educativo. Por una parte, se escucha: faltan recursos económicos, los espacios escolares parecen de la edad media, el maestro no me entretiene, la profesora es aburrida, todo es puro rollo con yara yara show, la plataforma no es atractiva, el documento es largo, el conocimiento ya no aplica y lo que me enseñan no sirve para la vida. Por la otra, los mentores y consejeros educativos comentan: es espantoso el nivel de desconexión y bajo compromiso de los educandos, se describe a las alumnas como: cansadas, sobrepasadas, exhaustas. En los grupos de maestros se comenta la gran lucha que hacen los jóvenes para focalizar su atención en las tareas tanto dentro como fuera de clase. Parece que los elementos sociales como: conflictos geopolíticos, recuperación de la pandemia, problemas económicos y exceso de información basura está consumiendo la capacidad útil del procesador neuronal que permite el aprendizaje. ¿Qué hacer en esta situación de pesimismo que puede llevar a un fatalismo? Lo primero que se debe de tomar conciencia es de la propia humanidad. El ser humano tiene intereses, afectos, conocimientos, confía, cree y con esto se alinea en los valores que considera comunes. Los niños buscan guía en los adultos. Los adolescentes en sus compañeras o amigos. Los adultos en expertos o gurús que aparecen. Cuando una persona es capaz con su testimonio de vida demostrar los valores que tiene, genera credibilidad. Los integrantes de una familia o grupo social que la tienen inspiran confianza. Las transacciones humanas desde una venta, consejo, atención médica, selección de una universidad se ejecutan por esa confianza en quien lo comunica. Esto lleva a una profundización en conocimiento y afecto, inteligencia lógica y emocional, que deriva en un interés. El hecho real es que hoy nadie cree en que la educación es la salvación a los problemas. Por lo mismo existe desconfianza en esa bestia desconocida que es el sistema educativo y se le critica o desea modificar con sustentos frágiles que complican más el creer en ella. Los principios humanos y psicológicos que llevan a apoyar una visión o propuesta de un futuro cercano mejor son simples. Nadie cree en quien no confía. Nadie confía en quien no conoce. Nadie conoce a quien no quiere. Y la querencia surge de un interés. Lo segundo en lo que hoy se debe actuar es en alinear valores, credibilidad, confianza, conocimiento, afecto, interés en la capacidad de apoyar desde las aulas universitarias, físicas o virtuales, a impulsar un individuo a la vez el que cada quien busque crecer a su mejor versión. El cambio no vendrá del cielo o por una vacuna de esperanza.

Es necesario que cada uno descubra el propio potencial y busque en familia, con amigos y en su entorno cómo cambiar la propia historia. Buscar un desarrollo académico, impulsar un incremento en la capacidad profesional, evolucionar al máximo el talento. Al ver personas que con su testimonio dicen más que con sus palabras se empieza a gestar grupos de atracción que generan un cambio. Tercero, al saber que la capacidad sensible del ser humano lleva a generar percepciones y estas se convierten en diálogo e historias. Es clave el generar historias como hechos que se ven a los ojos de las emociones. Las sensaciones y emociones son las que impulsan la actividad neurológica y cerebral a tomar las decisiones de vida. Muchas veces, sin información u omitiendo la misma. En los tiempos contemporáneos es esencial reescribir las historias de encierro, desconexión, aislamiento y fracaso. Cada padre de familia, educador y líder desde su espacio social requiere recontar la historia de éxito que se escribe día a día. El futuro se construye en el breve instante que es el presente. Si este se encadena con sentido de vida, esperanza, crecimiento, esfuerzo personal y apoyo común se logra una mejor persona, un mejor ambiente y una mejor sociedad. Es momento de iniciar a crear la propia historia de éxito en cada estudiante y universitario. Establecer qué talentos y cualidades se tienen para poder mejorarlas día a día en un plan personal de crecimiento. Interesarse por sí mismo para quererse. Quererse en lo biológico, psicológico, intelectual, emocional para conocerse. Conocerse para confiar en sí mismo. Confiar en sí mismo y creer que se puede cambiar la propia historia… hoy mismo. Nota del editor: Rafael Campos Hernández es Rector Institucional de Aliat Universidades. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

Por admin

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