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(Expansión) – El día que un corredor hace 42 kilómetros no es el día de la verdad, solo de la cosecha. Vamos, si entrenaste meses o años, si te cuidaste o no te cuidaste, lo que hayas hecho bien o mal lo pagarás gozando o sufriendo. Así es el maratón. Pero así son también los negocios, la vida o tu carrera profesional. Un día te paras a dar un pitch con tres inversionistas o presentas un proyecto con directivos de tu empresa, pero ese no es el día de la verdad, es más bien el día de la cosecha, si te preparaste, rebotaste tus ideas, hiciste algunas pruebas, ensayaste y trabajaste la confianza, ese día lo cosecharás.

Claro, eventualmente puede suceder una contingencia, pero en el maratón y los negocios, entre más entrenaste, más recursos tendrás para los imprevistos. Como dice el autor de obras de teatro José Lira: “Un buen actor ensaya tanto que cuando está en el escenario parece estar improvisando”. ¿Y de qué se compone esa capacidad de llegar bien preparado a los días de las cosechas? En gran medida, de hábitos -lo que hacemos en nuestro día a día-, tanto en lo físico e intelectual, es lo que nos permite estar listos para la competencia planeada o una oportunidad que nos llega de sorpresa. En ambos casos, planeado o improvisado, los hábitos han definido previamente nuestra capacidad de respuesta. Aquí es donde yo debería darte un maldito sermón ¿No crees? Mira, muchachito que estás leyendo, cambia tus hábitos, ponte a leer, estudia, no comas azúcar ni chatarra, hazlo ya y después tú deberías reírte y contestarme que si fuera tan sencillo todos lo harían, que cambiar de hábitos o mejorar los hábitos suena fácil, pero es complejo, crucial y difícil de sostener y tendrías razón, ejemplos nos sobrarían, ya sabes, a partir de mañana todos los días me levanto a correr, o no vuelvo a comer azúcar, tomaré licuado verde o abandonaré el chisme de redes para leer 20 minutos. Esas buenas intenciones no son sostenibles, porque “nos vuelve a jalar el placer”, la comodidad, lo que nos encanta y parece sexi, y entonces como una obligación moral queremos ir al buen y aburrido camino con sermones baratos, aunque sabemos que no funcionará. Por eso mejor te quiero compartir un tip que a mí me ha funcionado y es muy sencillo: no luches por cambiar de hábitos, simplemente cambia y resignifica ese hábito en tu cabeza. Haz que los hábitos que te benefician suenen geniales y los que no parezcan estupideces. Porque el cambio de hábitos no es un ejercicio de voluntad sino de reencuadre mental. Divide el tip en dos partes: desprestigiar el hábito que no quieres seguir y darle buen marketing en tu cabeza al que quieres adoptar. Un par de ideas: – El azúcar es una cochinada que le quita sabor a las cosas, guácala, el azúcar hace que el café sepa a ponche. Bueno, eso me dije yo hace algún tiempo y tengo cinco años sin consumir azúcar procesada ni sustitutos, porque los sustitutos me parecían tristes y poco atractivos.

Hoy pienso que soy una persona con el paladar libre, puedo degustar las cosas con su sabor natural. No estoy promoviendo que dejes el azúcar, porque ese no es mi trabajo, lo que pretendo mostrarte es que para dejar hábitos que dañan en tu mente debes denostarlos, quitarle lo atractivo, convertirlos en cuestiones de mal gusto y eso sí es posible. Luego, a aquello que sí quieres adoptar encuéntrale el lado sexi, replantea, no digas “voy a dormir temprano, como niño menso”; mejor piensa, “no hay nada más placentero que levantarme lleno de energía para correr en la montaña, es horrible correr desvelado, parece uno momia”. ¿Lo cachas?, ¿Qué cambios requieres hacer en tu mente para que de forma natural puedas adoptar nuevos hábitos? Un día un instructor de mi equipo me comentó que él no ensayaba porque le parecía deprimente tener que hacerlo después de 10 años de carrera como capacitador, yo le contesté que me parecía deprimente creer que con 10 años uno ya había llegado al techo de su capacidad, que me gustaría llegar a viejo tener 90 o 100 años y salir a ensayar convencido de que aún puedo mejorar mis habilidades. Cuando me fui, pensé que es muy feo padecer hambre, tan feo como dejar de tener hambre… de mejorar. Lo que quiero decirte es que en el cambio de hábitos, la voluntad no es tan importante como la capacidad de resignificar en nuestra mente, dejar de endiosar las babosadas que nos dañan y convertir en cosas atractivas y sexis las que nos benefician. ¿Con cuál hábito vas a empezar? Nos vemos en el próximo kilómetro. Nota del editor: Jorge Cuevas es corredor de Fondo en la vida personal y profesional. En 20 años de carrera le han publicado 11 libros, entre ellos “MARATÓN, corredor o no el enemigo está en tu cabeza”, y el best seller “El Kamasutra de la Innovación”. Se dedica a desarrollar ejecutivos y emprendedores en estrategia, liderazgo e innovación. Es un corredor amateur que ha hecho 11 maratones en diferentes lugares del mundo. Síguelo en sus cuentas de Twitter , Facebook e Instagram . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: Expansión

Por admin

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